DIFICULTADES SENSORIALES EN LA VIDA DIARIA

¿Sabes qué no sólo tenemos 5 sentidos? Tenemos 8! Y nada tiene que ver con el sentido de las mujeres o el de la película. A todos en el colegio nos enseñan y nos enseñaros los cinco sentidos: tacto, olfato, gusto, oído y vista. Bien, pues a estos debemos sumarle otros tres. ¿Cómo percibimos nuestros propios movimiento o dónde se encuentran las partes de nuestro cuerpo? ¿Cómo percibimos lo que nos está ocurriendo por dentro de nuestro cuerpo? ¿Cómo sabemos si vamos muy deprisa, despacio, si el coche o el tren están en movimiento?

Pues estas sensaciones y muchas otras se perciban y procesan en nuestro cerebro gracias a los sentidos propioceptivo, vestibular e interoceptivo. El sentido de la propiocepción  se encarga de procesar la información del movimiento de nuestro cuerpo; no nos hace falta mirar dónde tenemos el ombligo para poder tocárnoslo (y eso que es bastante irrelevante en nuestra vida diaria). El sentido vestibular, también llamado sentido del equilibrio, no sólo permite que nos podamos sostener de pie o tener equilibrio, sino que además registra y procesa todo lo que tenga que ver con movimiento de nuestro cuerpo en el espacio; si vamos deprisa/despacio, hacia delante hacia detrás, si estamos dando vueltas, etc…. Por último el interoceptivo, aunque menos estudiado que los anteriores, es el sentido que nos permite saber si algo nos duele internamente, si tenemos sed, hambre o ganas de ir al baño, …

¿Qué hacemos para calmar a un bebé que está llorando? Lo amarramos con firmeza, lo acunamos y le damos en el “culete” toques rítmicos (algunos/as también le cantamos).  De manera inconscientemente  estamos utilizando estrategias de calma basándonos en los sistemas táctil (cogerlo o pegarlo a nuestro tronco), vestibular (moviéndolo de manera lineal y constante); y por último propioceptivo (darle en el pañal toquecitos para poder enviar vibración a muchas partes de su cuerpo). Sí, así es cómo podemos calmarnos de manera natural desde que nacemos hasta la edad adulta, ¿te mueves con el teléfono cuando recibes una llamada importante?, ¿mueves tu pierna en la silla cuando estás nervioso/a?, ¿necesitas darte un paseo o hacer deporte cuando estás enfadado/a o estresado/a? Bien, pues todos los niños/as  también necesitan activar estos sentidos para poder regularse y tener en estado de alerta óptimo para poder aprender, jugar y portarse de manera adecuada.

¿Cuándo decimos que nuestros niños tienen dificultades en procesar la información sensorial? [Recuerda, no todos los niños/as son iguales, ni tienen porqué cumplir todos los ítems que aquí se enumeran para tener dificultades sensoriales]

Si tienes un bebé que pasa el día llorando, no se calma, por la noche sigue llorando, se despierta en seguida, no permite que otras personas lo cojan, llora cuando suenan sonidos como el secador, la batidora, o sonidos imprevisibles como el de una moto. Puede que su procesamiento sensorial no sea el óptimo.

Cuando crecen un poquito más, en torno al año: Los bebés que no han comenzado a gatear, o no se mantienen de pie, tienen miedo al movimiento, o cuando se enfadan se dan en la cabeza, están teniendo dificultades para conciliar el sueño, son escrupulosos tocando  arena, césped,… la transición de los alimentos de puré a sólido está costando más de lo que pensabas, tiene muchas dificultades para tener un momento de baño tranquilo y calmante, tiene problemas para cortarle las uñas o el pelo,…

En la primera infancia (2-4 años),  pueden tener dificultades para estar o mantener el juego junto a otros niños, tienen miedos extraños como a sonidos, texturas, luces,… da vueltas sobre sí mismo, gira las ruedas de los coches u otros juguete/objetos, sigue teniendo problemas para el aseo, el baño, cortar las uñas o el pelo, no crees que esté preparado/a para dejar el pañal, se esconde para hacer “caca” o necesita ponerse el pañal ( a pesar que ya controla esfínteres) para hacerlo, tiene un juego muy “motor” o desorganizado, es difícil salir con él/ella a dar un paseo o a tomar algo de manera calmada, se estresa si hay mucha gente o mucho ruido.

En la etapa preescolar (3-6 años), tiene rabietas consistentes, muchas veces no sabemos ni porqué se desencadena esa rabieta. En el colegio se abruma si muchos compañeros se acercan, no aguanta sentado/a en la asamblea, parece no escuchar lo que se le pide, se mueve constantemente, o por el contrario tiene miedo a ciertos movimientos,  se sube (constantemente) a objetos altos como el sofá, los muebles,… Rechaza algunas texturas como la pintura de dedos, la plastilina, la arena, el césped. Sigue rechazando algunos alimentos, o necesita separar los alimentos de una misma comida,… Le gusta controlar los juegos y acciones, todo va mejor si es él/ella el que maneja, le gusta abrazar pero no tanto que le abracen, se limpia cuando le dan un beso,

En la etapa escolar, está teniendo dificultades con las amistades y las relaciones sociales, no juega de manera coherente a su edad, está teniendo dificultades en el ámbito académico (lectura, escritura, mantenerse callado y quieto en clase,…), es rígido/a en cuanto a las rutinas, le cuesta planificarse o secuenciar acciones, parece vago para vestirse, no sabe atarse los cordones de las zapatillas, se mueve más que los niños de su edad,…

En estas etapas y posteriores tenemos muchos ejemplos de lo que podría ser dificultades en el procesamiento de la información sensorial. Si ves en tu hijo/a algunas de estas conductas puede que un terapeuta ocupacional te pueda ayudar a que la crianza sea más fácil de lo que está siendo.

Es importante encontrar un profesional  formado y especializado en infancia. Antes de concretar que tu pequeño/a tenga alteraciones sensoriales se debe  realizar una evaluación para delimitar las dificultades y poder generar estrategias y un tratamiento eficaz.

 

 

Aquí tienes varios vídeos si quieres saber más

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